Antes de operar
PRP: qué dice la evidencia, y dónde no dice nada
Existe una gran disparidad entre el marketing del plasma rico en plaquetas y los resultados clínicos reales. Sirve en dos escenarios concretos y no sirve en varios otros.
El problema de fondo
El PRP ha sufrido una falta de estandarización crítica: variaciones en la concentración de plaquetas, presencia o ausencia de leucocitos, y protocolos de activación distintos entre centros. Dos inyecciones llamadas igual pueden no ser lo mismo.
Dónde sí hay evidencia
Osteoartritis de rodilla, grados leves a moderados. Es el área con mayor respaldo: múltiples metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados muestran que el PRP es superior en la reducción del dolor y la mejora funcional a los 6 y 12 meses. El matiz importa: no cura ni regenera cartílago de forma significativa, pero modula el ambiente intraarticular mejor que otras opciones conservadoras en estadios Kellgren-Lawrence I–III.
Tendinopatía rotuliana crónica, en pacientes que ya fallaron el tratamiento conservador. El PRP mostró superioridad frente a las infiltraciones de corticoides a largo plazo. Trabajos como los de Filardo demostraron que, aunque la recuperación es más lenta que con corticoides, los resultados son más sostenidos y sin el riesgo de atrofia tendinosa.
Fascitis plantar: hay evidencia de que es tan efectivo o ligeramente superior a los corticoides en casos crónicos, evitando la posible rotura de la fascia plantar.
Dónde la evidencia es pobre o nula
Tendinopatía y rotura de Aquiles: el ensayo PATH-2 demostró que no hay diferencia significativa entre el PRP y el placebo.
Ligamento cruzado anterior: el uso intraoperatorio no ha mostrado beneficios clínicos consistentes que justifiquen su costo.
Patología de meniscos.